Una dieta blanda nos ayudará a rebajar la temperatura.
Llega el frío y con él también los catarros y las gripes. Y, cómo no, también la fiebre, la respuesta que nuestro organismo da frente, en la mayoría de las ocasiones, a las infecciones provocadas por virus o bacterias. Los humanos somos homeotermos, es decir, que disponemos de mecanismos internos que utilizan la energía guardada en el cuerpo para mantener constante nuestra temperatura, aunque en el exterior ésta varíe. Esta capacidad es la que permite a los seres humanos mantener estable la temperatura del cuerpo alrededor de los 36,7 grados.
¿Cómo lo consigue? En nuestro cerebro existe una especie de termostato que es capaz de poner en marcha mecanismos para no perder calor en caso de que la temperatura exterior descienda. Por ejemplo, disminuyendo la cantidad de sangre que circula por la piel y generando calor quemando grasa del cuerpo. En el caso de que la temperatura exterior aumente, el organismo favorece la pérdida de calor incrementando la circulación sanguínea de la piel y la sudoración. En el caso de que haya fiebre, este termostato sigue funcionando, pero a un nivel más elevado, provocando la elevación de la temperatura.