Ahora bien, a la hora de comer, lo último que se nos pasaría por la mente es que hay un orden por el cual debemos empezar a consumir la comida que está servida en nuestro plato. La razón es sencilla: el orden puede influir en la digestión, el control de los niveles de glucosa en la sangre y la saciedad (al regular hormonas como la leptina y la grelina). Además, también es posible que, mediante la manera en la que consumimos los alimentos, podamos mejorar la absorción de nutrientes y el tránsito intestinal.
Si bien depende del objetivo, los nutricionistas recomiendan que, para optimizar el consumo de alimentos, debemos empezar por la ensalada. Todo aquello que sea verduras y hortalizas ayuda a ralentizar la digestión y a estabilizar los niveles de glucosa en sangre.
Los alimentos ricos en fibra, especialmente la soluble, forman un gel en el estómago que retrasa el vaciado gástrico, lo que contribuye a que los alimentos permanezcan más tiempo en contacto con las enzimas digestivas y la superficie de absorción en el intestino.
Finalmente, al dejar los carbohidratos como broche de oro, se desacelera la absorción de los azúcares en el torrente sanguíneo. Esto ayuda a evitar picos rápidos de glucosa, los cuales pueden llevar a un aumento brusco de la insulina y, posteriormente, a una caída de azúcar en sangre, lo que genera más hambre poco tiempo después de la comida.