Cuanto más crónico sea el episodio traumático, más riesgo de que la enfermedad se alargue de por vida, según han expuesto profesionales de la salud mental durante el XXI Seminario Lundbeck, La depresión, ¿nace o se hace?, en el que se han abordado los factores biológicos, psicológicos y sociales que convergen en ella.
Traumas derivados de abusos sexuales o psíquicos, negligencia, bajos cuidados o pérdida de un progenitor son factores psicosociales de riesgo para hacer aflorar una depresión de adulto, pero es el de la violencia interpersonal el que mayor prevalencia acumula.
Uno de cada cuatro niños y adolescentes que han tenido uno de estos episodios traumáticos, cumplen los criterios de depresión; la mayor parte de los adultos que la tienen cuenta con antecedentes de trauma infantil, y suelen generar una peor respuesta al tratamiento e incluso a la remisión, sobre todo si la experiencia se ha producido antes de los siete años.