Una de las principales consecuencias que tiene la primavera para nuestros ojos, y sobre todo en pacientes alérgicos, son las denominadas alergias oculares.
Los alérgenos que están en el aire, como el polen, la caspa de las mascotas e incluso el polvo, entran en contacto con la conjuntiva (membrana mucosa que cubre la cara posterior de los párpados).
Y cuando ésta se irrita libera una sustancia llamada histamina cuya función es combatir el alérgeno, aunque lo haga provocando síntomas muy incómodos como ojos hinchados, ardor, lagrimeo o sequedad.
Son los pacientes con ojos secos quienes más sufren la llegada de la primavera. Porque con el descenso de las lluvias los niveles de contaminación se disparan, provocando un aumento de la sequedad ocular.