Lo cierto es que vemos todo lo que miramos, pero no miramos todo lo que vemos; basta con que tengamos los ojos abiertos para ver, pero para mirar hace falta prestar atención y tener la voluntad de mirar. De esta forma, cuando pasamos por alto algunas informaciones que están en nuestro campo visual debemos tener en cuenta la atención y la percepción, es decir, el mecanismo por el cual procesamos, de forma profunda y consciente, la información que nos llega a través de los sentidos.
Experimento científico
Así lo confirma un estudio llevado a cabo por la Universidad de Illinois (EEUU) en el que se mostraba a una serie de voluntarios un vídeo en el que dos equipos de tres personas, uno vestido de blanco y otro de negro, jugaban a baloncesto haciéndose pases.
Los participantes en el experimento debían contar el número de veces que los jugadores vestidos de blanco se pasaban el balón, aunque en realidad, esto no era importante. Lo relevante era que, en un momento dado, un gorila atravesaba la pista y la mitad de los voluntarios no se daba cuenta.
Al tener el cerebro una capacidad tan limitada para mantener la atención, este intenta ahorrar energía poniendo el foco en un detalle concreto de lo que ve y rellenando después el resto. Debe ser muy selectivo, sobre todo porque recibe del entorno una enorme cantidad de estímulos.