El segundo tipo son las pruebas moleculares diseñadas para detectar el ácido nucleico del virus, que pueden tardar de uno a tres días en devolver los resultados, como la PCR.
En las pruebas moleculares, muy específicas y sensibles, las muestras deben enviarse a los laboratorios de análisis, donde son procesadas y analizadas por técnicos con formación especializada. Por ello, los científicos las consideran el estándar por su fiabilidad, aunque su largo tiempo de espera las hace incómodas para los pacientes.
«Nos centramos en reducir el tiempo de espera de las pruebas moleculares. Desarrollamos un sensor de ácido nucleico (lo llamamos baliza electrónica) que tiene el potencial de acelerar el tiempo de entrega de las muestras, al tiempo que mantiene los parámetros de sensibilidad y especificidad que hacen que las pruebas moleculares sean tan potentes», explica Brian Callahan, desarrollador de este nuevo método, cuyos primeros resultados se han publicado en la revista ‘ChemBioChem’.