La diabetes, el tabaco y ciertos fármacos elevan el riesgo de sordera
La adaptación audioprotésica debe hacerse en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni tarde.
La pérdida de audición puede manifestarse de varias formas. Unas son las que afectan al órgano neural de la audición, las llamadas pérdidas neurosensoriales, que son las que afectan a las células que se encargan de transmitir la vibración sonora en señal nerviosa para que podamos oír. Y las otras son las pérdidas conductivas, que son aquellas pérdidas que afectan al mecanismo de transmisión de la onda sonora provocada por el sonido.
Esto puede venir desde por un tapón de cerumen hasta por una infección de oído, así como por una perforación timpánica o alguna otra afectación del oído medio que altere ese mecanismo de transmisión mecánica de la onda sonora.
«La pérdida auditiva más frecuente es la neurosensorial y dentro de las de este tipo la más común es la presbiacusia, que es la pérdida auditiva asociada a la edad», explica el doctor Carlos Ruiz Escudero, jefe del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y de Olympia Centro Médico Pozuelo.
La detección temprana es clave. Muchos pacientes acuden al especialista cuando ya han normalizado la difi cultad para seguir conversaciones o han subido el volumen de la televisión, la radio o del teléfono móvil.
Por eso es importante saber que, «según los estudios publicados más recientes, las estimaciones de pérdida de audición relevante se encuentran a los 40 años entre un 5 y un 8%; a los 50 años, entre el 10 y el 15%; a los 60 años, entre el 25 y el 35%; a los 70 años, entre el 40 y el 60%; a los 80 años, entre el 60 y el 80%, y a los 90 años más del 80% de las personas tienen algún trastorno auditivo», detalla el doctor. «Generalmente son presbiacusias y alteraciones de la audición de la relación vía auditiva», precisa.
No todo el mundo sufre el deterioro de la misma forma.
Así, como explica el doctor Ruiz Escudero, «hay pacientes que tienen leves alteraciones auditivas con 90 años y se manejan perfectamente, pero si hiciéramos un diagnóstico fi no a una audiometría verbal veríamos que seguramente la discriminación termina fallando igual que falla cualquier otro órgano en el cuerpo humano».
La pérdida auditiva depende, según este experto, de muchos factores: la genética, si se ha trabajado en ambientes ruidosos o tiene afi ciones en las que se ha sometido a mucho ruido. Así, no es lo mismo trabajar en una oficina que ser taxista, o si te gusta la caza o ir de conciertos frente a pintar.
Y no solo. «También infl uye la existencia de otras patologías que pueden favorecer la pérdida de audición, como la diabetes, que afecta la vascularización de casi todos los órganos terminales, entre ellos el oído», asegura el doctor Ruiz Escudero.
Fuente: La Razón 11-03-2026
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