Este componente, como otros tipos de grasa, no se diluye ni en agua ni en sangre, así que tiene que ser transportado por el torrente sanguíneo empaquetado en las lipoproteínas.
Hay dos tipos de lipoproteínas:
- Las de alta densidad, también conocidas como colesterol HDL o ‘bueno’.
- Las lipoproteínas de baja intensidad, que se conocen como colesterol LDL o ‘malo’. Dentro de estás últimas destaca la lipoproteína (a).
Como explica la doctora María Rosa Fernández Olmo, co-coordinadora del Grupo de Trabajo de Dislipemias y Riesgo Residual de la Sociedad Española del Corazón (SEC), «la lipoproteína (a) es un tipo de colesterol LDL ‘malo’ con una proteína adicional que parece incrementar el riesgo de coágulos. Y al igual que el colesterol LDL puede incrementar el riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular de forma precoz».
¿Cómo reducir el riesgo?
Hasta que las investigaciones que se están realizando no den frutos, las opciones para evitar enfermedades cardiovasculares entre los pacientes con altos niveles de lipoproteína (a) son muy limitadas.
Tal y como detalla el Dr. Alberto Cordero Fort, también coordinador del Grupo de Trabajo de Dislipemias y Riesgo Residual de la SEC: «Como no tenemos opciones para actuar directamente sobre ella el objetivo es controlar el resto de los factores de riesgo cardiovascular y mantenerlos a raya».
¿Y cuáles son estos factores?
Pues además de bajar los niveles de colesterol ‘malo’, se hace más necesario lo siguiente:
- Seguir una dieta equilibrada.
- Hacer ejercicio físico de intensidad moderada de forma regular.
- Evitar la obesidad y el sobrepeso.
- No fumar.
- Controlar los niveles de presión arterial y glucosa en sangre.

