Porque no es sólo una cuestión de incomodidad o molestia, sino que amenaza la mente, la estabilidad y la vida de quienes se puedan ver afectados.
Y aunque sea una realidad que se va manifestando y agravando con la edad, anticiparse y poner remedio en sus comienzos puede ser decisivo para gozar de una vejez saludable.
¿En qué nos afecta?
Son numerosos los estudios que demuestran una relación directa entre la pérdida auditiva no tratada y un mayor riesgo de demencia, depresión, caídas e incluso enfermedades cardiovasculares.
Es más, los nuevos hallazgos relacionan el deterioro cognitivo incluso con una pérdida auditiva mínima.
Por eso sugieren que podríamos hacer mucho para proteger nuestro cerebro si protegemos nuestra audición, y recomiendan que lo hagamos en edades tempranas, sometiéndonos a una audiometría.
Y es que el hecho de que se produzcan pérdidas cognitivas mensurables a niveles de audición por debajo de los 25 decibelios, y que la cognición empeore gradualmente a medida que empeora nuestro oído, aconsejan que comencemos a prevenir la pérdida de audición desde la infancia.
Fuente: La Nueva España 30-09-2022

