Un parche en el dedo mide la medicación del párkinson a través del sudor
Hallazgo publicado ayer en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’.
Ajustar la medicación en la enfermedad de Parkinson es un complejo malabarismo con consecuencias muy serias. La levodopa sigue siendo el tratamiento estándar para devolver el control motor a los enfermos, pero dar con la dosis exacta no es sencillo: si el fármaco se queda corto, el paciente se bloquea y es incapaz de moverse; si se pasa, surgen discinesias, unos movimientos espasmódicos e incontrolables tan desgastantes como la propia rigidez. Por si fuera poco, a medida que la enfermedad avanza, la «ventana terapéutica» –el tiempo en que el fármaco hace su trabajo de forma óptima– se estrecha de varias horas a apenas 120 minutos. Hasta hoy, los neurólogos tenían que confiar en diarios manuscritos donde los propios enfermos o sus cuidadores anotaban cómo se sentían a lo largo del día. Un método subjetivo e impreciso que deja escapar fluctuaciones peligrosas en la sangre.
Para acabar con esta ceguera, un grupo de ingenieros y neurocientíficos de la Universidad de California en San Diego (EE. UU.) desarrollaron un parche que se coloca en la yema del dedo y mide de forma continua los niveles de levodopa a través del sudor. Sin agujas, sin análisis y sin necesidad de llevar pilas ni baterías.
El hallazgo, publicado ayer en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ (PNAS), supone un salto cualitativo en la medicina de precisión para enfermedades neurodegenerativas, ya que ha demostrado una precisión equivalente a la de los análisis de sangre convencionales, pero con resultados instantáneos.
La elección de la yema del dedo no es casual. Esta pequeña región anatómica alberga una de las concentraciones de glándulas sudoríparas más altas de todo el cuerpo humano. Para aprovechar este flujo continuo, el equipo ideó un gel absorbente impregnado de sales y disolventes inocuos que actúa como una auténtica esponja química: atrae el sudor de los poros por simple diferencia de concentración salina, sin necesidad de que el paciente esté haciendo esfuerzo físico ni pasando calor.
Ajuste de dosis milimétrico
Una vez que el sudor entra en el parche, la levodopa disuelta en él entra en contacto con una serie de enzimas integradas en el tejido. Esta reacción química no solo mide la cantidad de fármaco, sino que genera un pequeño voltaje eléctrico capaz de alimentar el propio sensor. En la práctica, cuanto mayor es la corriente generada, más alta es la concentración de medicamento en el organismo; si el voltaje cae, la dosis está empezando a agotarse. Tamoghna Saha, investigador en la Escuela de Ingeniería Jacobs de la UC San Diego y coautor del trabajo, destaca el potencial clínico de este diseño autónomo.
Fuente: ABC 30-07-2026
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