Elvis García: «Si no hacemos nada, las vacunas no van a evitar un nuevo pico de infectados»

Elvis García: «Si no hacemos nada, las vacunas no van a evitar un nuevo pico de infectados»

Lamenta que tras años de pandemia en la Unión Europea aún no se haya llegado a un consenso sobre cómo actuar.

Doctor en Salud Pública por la Universidad de Harvard (EEUU) y experto en epidemias, Elvis García González (Pola de Lena, Asturias, 1977) tiene una amplia visión de la gestión sanitaria después de haber pasado por varios continentes enfrentándose a diversas crisis sanitarias como miembro de Médicos sin Fronteras: la malaria y el ébola en África o el cólera en Haití, entre otras. La pandemia de coronavirus le pilló dando clases en EEUU y reflexionando sobre la conexión entre estos grandes problemas sanitarios con el diseño de las ciudades y la arquitectura.

PREGUNTA- ¿Tiene sentido cerrar fronteras o es inevitable que la nueva versión del virus se imponga si es más transmisible?

RESPUESTA- Tiene sentido desde el punto de vista de que cualquier medida que ralentice la transmisión de la enfermedad es bienvenida, aún más ahora que ha llegado el mal tiempo. Sin embargo, tendría más sentido establecer medidas más restrictivas a la llegada al país y no en el país de origen, sobre todo cuando la variante ya campa a sus anchas por Europa.

P- Hay quien dice que estamos castigando a Sudáfrica por hacerlo bien, es decir, por detectar variantes y comunicarlo.

R- Claramente es así, y no es un hecho aislado ni nuevo. Históricamente, los países han sido reticentes a declarar epidemias por las consecuencias de carácter económico y de imagen que acarrean. El ébola de 2014 fue un caso paradigmático. ¿Te imaginas cuánto le va a costar a Wuhan quitarse el sambenito de ser el epicentro de la pandemia? De ahí que la comunidad internacional deba incentivar la transparencia para evitar que el miedo a las represalias empuje a los países a guardarse la información y las consecuencias sean mucho peores para todos.

P- ¿Puede haber otras variantes peligrosas de las que no tenemos noticia por surgir en países con un peor sistema de vigilancia epidemiológica?

R. Por supuesto. Esto que ha ocurrido no nos pilla por sorpresa, llevamos mucho tiempo pidiendo vacunas para los países que no tienen. Si no por convicciones éticas, por egoísmo; para evitar que se desarrollen nuevas variantes que nos afecten. Desgraciadamente, los países ricos se han enrocado en sobreproteger a su población con terceras dosis en lugar de compartir vacunas. No hemos entendido que esto es un problema global que requiere una respuesta global equitativa, no es un ‘sálvese quien pueda’.

P- ¿Por qué después de dos años de pandemia aún tenemos tantas dudas y nos sorprende la evolución del covid?

R. En realidad, entre la comunidad científica no hay dudas. El virus se está comportando como estaba previsto que lo hiciera y las vacunas, igual. Para mí, la única sorpresa es ver cómo después de tanto tiempo seguimos sin un consenso global, o al menos un consenso dentro de la Unión Europea, sobre cómo debemos actuar frente al virus.

P- Antes de ómicron ya estábamos algo desconcertados por la subida de casos en Europa a pesar de la vacunación. ¿Qué está pasando?

R- Lo que está pasando es que pasamos página muy rápido. Estamos repitiendo lo que ocurrió el año pasado, con la fortuna que ahora tenemos vacunas. Lo que ocurre es que por alguna razón no se asimiló que las vacunas son fantásticas a la hora de evitar casos graves de la enfermedad, pero ofrecen menos protección frente al contagio, sobre todo frente a la variante delta. Si a esto le sumamos unas medidas un tanto laxas y la pérdida del miedo al virus por parte del ciudadano… Blanco y en botella.

P- Sin embargo, en España, la subida ha sido contenida, aunque la incidencia está aumentando bastante. ¿Qué nos diferencia?

R- Dos factores clave, una mayor tasa de vacunación y que el frío tarda más en llegar. Pero lo normal es que los casos empiecen a subir y que lo hagan hasta después de Navidad, así que no deberíamos creernos que tenemos todo bajo control, ni mucho menos.

P- Pues, por el momento, hay pocas restricciones en comparación con Europa. ¿Es normal o deberíamos ponernos las pilas?

R- Creo que debemos de aprovechar esta posición de privilegio para reforzar un pelín las medidas y que no se nos desmadren las cosas para Navidad. Si no hacemos nada, las vacunas por sí solas no van a evitar un nuevo pico de infectados. El hecho de que no haya tantos fallecidos puede llevarnos a la falsa idea de que esto se ha quedado en una gripe fuerte. Deberíamos preocuparnos no solo por los potenciales fallecidos por covid, sino también por el impacto en un sistema de salud que, para lidiar con una epidemia, tiene que dejar sin asistencia otras patologías.

P- Últimamente, el principal debate está en el pasaporte covid. ¿Qué opina?

R- En un país con un grado tan elevado de vacunados y teniendo en cuenta que las vacunas no protegen completamente contra el contagio, el pasaporte posiblemente no haga una gran diferencia. Pero yo soy de la opinión de que cada medida aporta y, por lo tanto, lo defiendo. ¡Ojo! No creo que debamos de penalizar a los que no se quieren vacunar, porque cada uno debe ser libre de decidir por sí mismo, pero sí creo que el Estado tiene el deber de proteger a sus ciudadanos, y esta es una forma de no exponer a los no vacunados al virus en lugares cerrados.

P- En general y a pesar de lo poco que sabemos, ¿cómo puede cambiar el transcurso de la pandemia esta nueva variante?

R- Hay tres escenarios básicos. El primero es que ómicron desaparezca sin hacer mucho ruido, como ha ocurrido con anteriores variantes. El segundo es que se comporte como delta, para la que las vacunas no ofrecen una buena protección frente al contagio, pero sí frente a la enfermedad grave. Y, el tercero, el caso menos deseado, es que provoque que las vacunas sean menos eficaces a la hora de prevenir el covid severo. Ahí tendríamos un verdadero problema que implicaría el desarrollo de nuevas vacunas, tener que administrarlas y vuelta a empezar.

P- Vamos a lo práctico. ¿Qué deberíamos hacer cada uno de nosotros, a nivel individual, para protegernos si ya estamos vacunados?

R- En primer lugar, si no estamos vacunados, deberíamos. Y, si nos ofrecen la tercera dosis, bienvenida sea. Y, después, lo que hay que hacer es seguir con las normas habituales, como ventilar y utilizar la mascarilla en lugares cerrados, o incluso en la calle si estamos en una aglomeración de gente. Es sencillo y efectivo. No hay que buscarle más pies al gato.

P- Salvo que ómicron nos complique todo de verdad, asumimos que estamos en una fase diferente de la pandemia gracias a las vacunas. Ya se están modificando algunos indicadores, como el semáforo covid, pero ¿hay que hacer más cambios?

R- Sí, estamos ante un nuevo paradigma en el que la enfermedad ya no tiene una tasa de mortalidad tan alta y, por lo tanto, debemos de cambiar los indicadores para no alarmar a la gente con datos que no significan lo mismo que hace un año. Quizá también habría que cambiar la manera de informar sobre ello. Estamos en un momento delicado, con el ciudadano ya cansado de escuchar mensajes apocalípticos. También hay mucha gente que cree que con la vacuna ya está todo resuelto, o aquellos que no quieren vacunarse y se sienten maltratados socialmente… Todo esto ocurre en el momento más crítico del año y con una nueva variante al acecho. Yo defiendo una normalización de la situación, con mensajes claros: ni sensacionalistas, ni demasiado técnicos, porque creo que tanta sobreinformación perjudica. Y, bueno, por qué no, pedir por enésima vez un criterio unificado nacional a la hora de implementar medidas. Y, a poder ser, evitando los tribunales.

Fuente: El Confidencial 14-12-2021


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